•Esto pasó de verdad•

Era una noche de julio de un año que no recuerdo. Estaba en Plaza Retiro, junto a la Torre de los Ingleses. El río estaba cerca y había viento. Hacía frio. Mis hijos y mi esposa estaban a salvo lejos de allí, amparados al calor del hogar, pero sobre todo al calor del amor de una familia.

Hacia mí vi venir un niño, como de siete u ocho años. Tenía la cabeza rapada y llena de ronchas de sarna. Usaba por única vestimenta un pantalón corto y una remera sin mangas.

Me conmoví profundamente al verlo. Quise ayudarlo, pero no supe cómo. Entonces cometí el error de sacarme el pulover que llevaba debajo de mi campera e intentar cubrirlo, para que no sufriera tanto el frío. Fue un error irreparable, porque apenas me vieron otros niños que estaban allí junto a él comenzaron a golpearlo e intentar sacarle el abrigo a los tirones. Los niños esos son como pirañas: saben escapar de los pedófilos y de la policía, cuánto más de mí, un simple hombre.

El que había tratado de abrigar también escapó, herido y con la cabeza ensangrentada. Salió corriendo hacia los trenes, y atrás fui yo sin saber qué hacer, tratando de enmendar el daño, dispuesto hasta a llevármelo a mi casa. Lo perseguí por la estación, pero pronto lo perdí de vista en un andén.

En sus ojos pude ver los ojos del Maestro que, desde allí lo se, se esconde en cada uno que sufre.
Todavía lo sigo buscando.

L.A




14 voces se mezclaron con mi voz:

Vivo con Hades a tiempo parcial dijo...

No se puede tapar el sol con un dedo. La crueldad es parte de la vida sea o no humana. Es una variable extraña que afecta de modo sistemático. No existe vacuna. Sólo el roce provoca una dureza que cubre el corazón hasta convertido en una ostra gigante.

Bruno dijo...

El autor se encargo verdaderamente de musicalizar sus valores de humildad, compasion, perseverancia, bronca, seguridad, amor, todas proyectadas a si mismo en definitiva..es lindo ver ver como experiencias o relatos como este nos conquistan el alma, y nos mantienen siendo lo que somos..Me gusto mucho, un abrazo de oso

Bruno

Verònica dijo...

Que fuerte Lola! "el maestro que se esconde en cada uno que sufre", una frase imposible de superar, me transmitiò muchisimo, me dejò llena de ¿amor?.. y a la vez dolor.. por esos dolores que jamàs deberian existir. un beso, Vero.

Pablo Giorno dijo...

ahora siiii!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
no entendia como!!!!
despues te dejo algo!

Elle .* dijo...

"El maestro que se esconde en cada uno que sufre", esa frase da mucho que pensar..
Muy buen texto (:

Mary Ann* dijo...

sufrir es conidcion sin ekuanom de la existencia...tiene caracter intransferible?..

es parte del espejo y reflejo es nosotros tambien.

Mary Ann* dijo...

Como haces tan lindo tu blog Lolaaaaaa decime decime dale
dale

~PakKaramu~ dijo...

Pak Karamu visiting your blog

Acuña Carlos dijo...

Hay veces que la caridad no es ayuda. Creo que es mejor las expansión de los sentimientos, sentir y, asi, poder ayudar.

besos lola.

me agrado leerte.

M. dijo...

recomendarte libros?
yo recien terminé el beso de la mujer araña....
genial.

•Laura Avellaneda• dijo...

M:

No sé por qué razón no puedo firmar en tu blog.

Espero que si es un eror, leas esto y lo soluciones.

Y si no es un error y está hecho a propósito, nomás ignoralo.

Art.DM. dijo...

Menudo panorama pintas... Aquí, bueno, mala gente hay como en todos lados, pero por suerte los transportes universitarios suelen ser bastante tranquilos. Cuando coincidía con mis compañeros en el viaje, nos lo pasábamos jugando a las cartas o haciendo un fondo común de abrigos y usándolos como almohada colectiva. Se pasaban los viajes bien así =)

Quetzal dijo...

Bello!! sin duda

Máximo Ballester dijo...

Qué buena que está la agenda de entrada!!!
En cuanto al relato, qué te puedo decir. Una escena más común de lo que se cree, triste, cruda. Pero bien contada, como siempre.
Un abrazo.

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