• Las voces de Lola •

"Voy a escribir hasta olvidar todas las palabras"

Escuchá mis voces así:

• No se que dia es (pero vamos a recordarlo) •

09: 45
El celular suena y me encuentra dando vueltas en la cama.
"Necesito modelo femenino y masculino para producción fotográfica. Si sabés de alguien avisame". Sí, ya te aviso. Esperá sentada. No conozco a nadie que sea modelo. Me doy vuelta y trato de volver a conciliar el sueño.

12:32
Quizás deba contestarle. Al menos por gentileza. Además si sabe que no puedo ayudarla va a empezar a buscar gente en otro lado. Sì, le contesto. Mejor le contesto. No, ni se te ocurra. Yo no. Soy alérgica a las fotos. Estoy gorda, no. Además nunca salgo bien. No me siento cómoda, no es para mí. Sí, cualquier cosa que sepa te mando un mensaje. Más vale que le consiga a alguien o no va a parar de insistir hasta convencerme. No. Yo ni loca.

14:05
Directorio de teléfono celular. Flecha arriba. Flecha abajo. Hace meses que no le hablo. Terminamos mal. Está de viaje. Está de novio. Vive muy lejos. Es de madera para las fotos. A esta hora trabaja. ¿Y modelo femenino? No sé, no hay mujeres en mi celular. Ella me promete que son pocas fotos. Que sólo las van a ver ella y su compañera de equipo. No, yo fotos no. Pero de alguna manera tengo que ayudarla.

15:56
Biblioteca de la Facultad de Derecho. Parcial dentro de tres días. Lectura de bibliografía obligatoria: incompleta. Cantidad de hojas restantes: inversamente proporcional al tiempo que me queda. Estoy hasta las manos. Este libro me aburre. No entiendo nada. Ya no llego. Me voy a casa. O quizás no. Es mi amiga. Tengo que ayudarla. No puedo, no debo dejarla en banda.

16:18
Decime dónde y a qué hora. Explicame cómo llegar. Si, estoy acá a un par de cuadras. Estoy en la biblio leyendo, cuando esté todo listo avisame que salgo para allá. Modelo masculino no. No conseguí. O no sé, vos esperá.

16:20
¿Qué posibilidad hay de que te vengas ya mismo para capital a sacarte fotos conmigo?

16:27
Ya está, te conseguí todo. Después de esto me debés un riñón. A las seis estamos ahí.

16:28
Pará... algo fundamental: ¿Qué tipo de fotos son?

18:13
Los reflectores nos queman en la cara. Me cuesta quedarme quieta. Me dan un pepino para jugar, una tabla de madera, una cuchilla de cocina ¿Esto lo puedo ir cortando? Mirá, no sabía que el pepino olía tan bien. Sobre la mesada se apilan unas naranjas. Como en la Naranja Mecánica. Naranjas. Pepino. ¿Es sexy esto? Él busca que el reflejo de la luz en la hoja de la cuchilla me pegue en la cara. Yo pongo expresión de susto, luego me muerdo los labios. Eso lo mata. Sí, lo estoy matando. Lo hago de nuevo. Y de nuevo. Y de nuevo. Me tengo que quedar seria. No puedo reírme. Y vos tenés que quedarte quieto. Cada vez que me mirás la boca te ponés a temblar. Quedate quieto.

20:49
Hace calor. Demasiada luz. Este reflector me está quemando la cara. Pero yo diría que empecemos a fotometrear porque se están cocinando. Sí, me estoy cocinando, dice él. Toma el vaso de coca. Lo termina de un solo golpe. Me mira de nuevo. Yo sigo cortando el pepino y oliendo de a ratos el perfume de la pulpa sobre el cuchillo. ¿Qué estoy haciendo acá? ¿Te gusta como me queda el delantal? Esto me hace acordar a alguna charla que tuvimos sobre tener sexo en la cocina. Risas.

22:08
Estoy cansada. Me quiero ir. Mañana probablemente tenga que seguir leyedo. Vamos juntando todo. Me saco el delantal, el gorro, me tiro en un sillón. Me como un palito de la selva. El se tira al lado mío. Nos miramos. Él se inclina y con un gesto me pide que le rasque la cabeza. Ella nos mira y se apura a ordenar los equipos. Gracias, me dice. Me abraza. De nada, pienso yo. Pero no entiendo bien por qué. Al final me divertí.

22:45
Vamos en el mismo colectivo pegando la vuelta. ¿Por qué no? ¿Tan segura estás? Si, estoy segura. No. No es para mí. No. No quiero. Es que vos no lo conocés. Hay muchas cosas. Además... ¿nunca viste Luna de Avellaneda? ¿Viste la escena del bote en el riachuelo? No, yo en este momento necesito otra cosa. Pero es un buen pibe. Y lo quiero mucho.

23:50
Ella se va a cenar con una amiga. Yo a dormir para seguir leyendo mañana. Ninguna de las dos sabe. Ninguno de los tres. Pero hoy es hoy. Probablemente no recordemos la fecha. Pero vamos a recordar este día. Sí, vamos a recordarlo. Más allá de las fotos. Vamos a recordarlo. Apago la luz. Y me quedo dormida.

• el Novio

Anoche vino a verme el Novio de la Muerte. Llamó a la puerta con tres golpes secos. Se presentó con una reverencia gentil quitándose el sombrero. Luego procedió a meterme la mano entre las piernas. Me dijo que ella estaba de viaje. Burlamos entre los dos su ausencia. Porque yo no pude. Yo no quise decirle que no.

María •

Cuenta la leyenda urbana que El Ministro llamaba a todas sus mujeres por el mismo nombre, independientemente de cómo se llamara cada una. Un poco por comodidad, pero más que nada por desprecio, al conocerlas inmediatamente las bautizaba como "maría" sin importar a quien tuviera en frente. Y allí acudían ellas, fascinadas por sus encantos y con la devoción intacta, como si ese nombre de adopción les fuera exclusivo o significara acaso un gesto de intimidad o afecto.

Pero hubo una vez una mujer a quien ese nombre impuesto de oficio no pareció convencerle y en vez de llorar, de encapricharse inútilmente, de intentar convencerlo por cualquier medio haciendo pucheros o fingiendose falsamente ofendida para luego echarse desnuda en sus brazos sin haber conseguido hacerlo cambiar de parecer, optó por no sentirse aludida con esa voz que le gritaba al pasar cuando caminaba por la calle, en no responder a los llamados telefónicos que solicitaban hablar con "maría" o en ignorarlo rotundamente cuando se dirigía a ella bajo ese nombre.

Tales fueron su desprecio y su desdén, que ante la negativa de atención El Ministro cayó rendido ante sus encantos de misterio y una tarde de domingo, mientras se hacía de noche y refrescaba lo suficiente como para buscar refugio en un café, le preguntó al oído su nombre.

Ella no respondió. Sólo se limitó a entregarse toda en las penumbras de un cuarto de pensión y al levantarse, sin hacer ruido y con cautela para no despertarlo, escribió "María" en un pedacito de papel que dejó en la mesita de luz. Y se fue.




¡Hola! ¡Soy Lola!

¿Se acuerdan de mí? Yo sí me acuerdo de ustedes. Ha sido un largo rato sin pasarme por acá, lo confieso. Pero ahora estoy de vuelta a las andadas. No sé por cuánto tiempo. Las cosas cambiaron, tengo que contarles. Ya no puedo darme el lujo de ser impuntual, como me gusta a mí. Tampoco debería quedarme despierta hasta las tres de la mañana (cosa que estoy por hacer justamente esta noche). Las tardes generalmente ya no son para dormir la siesta ni mirar películas. Ahora me debato por teléfono con señores que no saben conectar la antena a su televisor o que se olvidaron de ponerle pilas al control remoto. Eso sí, todo en inglés. Así que cuando llama alguien del Bronx tardo veine minutos en entender cuando me deletrea su apellido. Un trabajo que no tiene demasiadas emociones ni momentos creativos ("güélcam tu cástomer suport, mai neim is lora, jau can ai jelp iu tudei?") pero que me dejas tres días a la semana libres para hacer todo aquello que me gusta. Por ejemplo: ver si puedo volver a escribir, que es lo que me tiene más preocupada desde hace unas cuantas semanas. Por eso les dejo una nueva dirección de mail que acabo de habilitar a tal efecto (lasvocesdelola@hotmail.com) para que quien quiera mande sus opiniones, inquietudes, preguntas, curiosidades o lo que sea. El intercambio de palabras es sumamente bienvenido y sus misivas virtuales serán respondidas según mi tiempo libre me lo permita. ¡Será hasta la próxima!


"fotorobadadeporahí"
• Lola

• pez de pasto

Rosalba es una mujer pez. Sí, por extraño que eso parezca. Mujeres pez. Nadie las conoce porque hay pocas en el mundo. Qué digo pocas. Quizás haya una sola. Y esa una es Rosalba. Pero el mundo es grande y las mujeres son infinitas, así que cabe la posibilidad que todas sean mujeres pez, menos yo. No lo sé. De lo que estoy segura, es que Rosalba es una mujer pez. De esas que se sienten en el agua con total soltura del mismo modo que el resto de los mortales andamos por la tierra y en parte por el aire, cuando algún amor nos lo permite. Eso es fácil de deducir, eso lo sabe cualquiera. La cuestión radica en que el agua, para Rosalba, son los colores.

No es que duerma en una bañadera llena todas las noches. No es que haya que hidratarla de contínuo para que no muera ni que sumerja las manos, en pleno invierno, en los baldes del jardín de su abuela. No. Rosalba es una mujer pez porque nada en colores. Y cuando digo colores, no digo solamente azul, violeta o rosa, que son los colores fundamentales que constituyen la existencia del mundo. Me refiero a que Rosalba vive de contínuo sumergida en un espectro líquido de tonalidades diversas. Vaya donde vaya, no se deshace jamás de esa gran masa tecnicolor que la rodea como una burbuja, pero que también salpica, se derrama, se extiende y se contagia a los que tiene alrededor.

Rosalba tiene aletas para dibujar líneas en su gran universo de agua. Dibuja aquí, allá. Ningún espacio le queda en blanco. Llena las agendas, los cuadernos, los boletos de colectivo, las servilletas de los bares, los márgenes de los libros, el reverso de los documentos importantes, los billetes de dos pesos, los sobres de las cartasy hasta el dorso de sus propias manos. Hay mañanas en las que amanece toda escrita, toda dibujada, toda llena de líneas, de puntos, de estrellas... pero bueno, seamos sinceros, ahí ya no es simplemente producto de sí misma.

Rosalba tiene una cola mágica con la que anda deslizándose por la vida. Toma trenes, colectivos, va hasta la casa de su tía, pasea por San Telmo, recorre todas las plazas, las calles y las esquinas. Y cuando está cansada, cuando está agotada de nadar, de moverse, se tira al sol acurrucada entre cuerdas y descansa. Se duerme. Ahí es cuando uno la puede observarla en su mayor esplendor, con las escamas de la piel brillándole en tornasoles, con todas las estrellas brotándole por los poros y todos los dibujos saliéndole por la boca entreabierta, ascendiendo en el aire, enredándose en las copas de los árboles, trepando hacia la altura y algunos quedándose adheridos a las nubes. Es mentira eso que dicen. Que el pez por la boca muere. Pero igual, Rosalba no es un pez cualquiera. Rosalba es un pez de pasto.

L.A

Si quieren conocerla, pueden encontrarla aquí:
http://realphilopannix.blogspot.com/




• desnuda de palabras

Es en la ausencia de palabras donde me siento más extraviada. Más perdida de mí, más errante. Nunca duele tanto el amor, nunca acecha tanto la soledad si hay una palabra azul para pintar un sentimiento, una imagen poética para decir "tengo miedo" o un susurro en forma de letras para recordar que lo extraño.

¡Ay! Si pudiera ir a buscar las palabras... si pudiera caminar hasta el kiosco de la esquina y pedirle al muchacho de los ojos verdes un paquete de palabras para escribir un poema. "Deme palabras para llorar, palabras para extrañar a un amor, palabras para celebrar un día de lluvia, palabras para vestirme de negro y asistir al funeral de mi cumpleaños".

Denme palabras, que las perdí y no se dónde. No las tengo en la boca ni en los bolsillos. No las tengo en el ombligo ni se caen por el surco entre mis pechos. Palabras perdidas quién sabe dónde. Extraviadas ayer nomás, hace unos meses. Y ahora ando yo vagando tras las letras con la red en mano. Perdida, tan perdida como ellas.

De a poco me voy despojando para escribir más liviana. Ya me saqué una pulsera de la mano izquierda. Luego unos aros de latón redondos. Pronto acabaré desnuda, tirada sobre el suelo, desparramada como una estrella, abierta como una flor, con la lapicera en mano, llorando. Buscando los nombres, los verbos, los adverbios. Buscando en los recodos de mi cuerpo las palabras extraviadas. Palpando a ciegas, recorriendo con la yema de los dedos la tersa superficie de mi piel, abriendo la boca de a ratos, esperando que escape alguna palabra atragantada.

Mi cuerpo se ha enmudecido. Ha logrado sintetizar todas las letras en modo subcutáneo. Tanto... que me voy quedando dormida... entrecerrando los ojos y dejando escapar la lapicera de mi mano abierta. Mi cuerpo se contae, se oclusiona, se tensa hasta acabar dormido... y luego al rato despierta, desnudo. Desnuda de palabras.

L.A

•La pecosa•


Cuando el Pelirrojo se casó con la Pecosa con el solo fin de tener hijos coloraditos y con pecas, no contó con el hecho de que las pecas de la Pecosa eran popularmente conocidas en el barrio de San Cristóbal. Pero nadie las conocía tanto como el Negro, que las tenía a todas numeradas por tamaño, ubicación y orden de aparición. Cuando los niños le nacieron morenos y con el pelo duro, la Pecosa arguyó en su defensa ante el juez que lo hizo simplemente para librarlos del estigma de ser símbolo de mala suerte.

L.A

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• Todas las ventanas •

• El otro, el mismo •

Hay un abismo. Y a cada lado hay una porción de tierra. Desde acá lo veo. Le sonrío, me sonríe. Lo llamo, me contesta. Me busca y me encuentra.

Nos hacemos luces con espejos. Nos despertamos con cascabeles de colores. Nos llamamos por cables coaxiles. Nos tendemos puentes de plumas, tan endebles que ninguno se atreve a cruzarlos. Nos mandamos pájaros con mensajes. Nos escribimos cartas con señales.

Me grita, lo escucho. Lo saludo y él me ve.
Nos tiramos con flechas, con dulces, con agua. Nos pintamos mensajes de colores en los cerros. Nos sacamos fotos enfrentando las dos cámaras. Nos miramos fijo. No pestañeamos. No nos desviamos la mirada.

Pero el abismo sigue ahí.

A veces yo me acerco al precipicio.
Me acerco y él se acerca.
Amagamos con lanzarnos.
Con dejarnos llevar al otro lado.

Pero el abismo sigue ahí.

A veces uno de los dos extiende la mano, como si eso fuera a tomar la mano del otro y el otro imita el gesto. Las manos se extienden. Los brazos se prolongan. Los dedos se buscan. Pero más me asomo al borde y más busco encontrarle, que una fuerza misteriosa me retiene y me previene. Me sofrena, me contiene. Me empuja hacia atrás, me aleja. A él lo mismo.

A lo lejos lo veo irse. Y la mano que hace un instante nomás era el deseo de aproximación ya se esfuma en el aire, se sublima entre el abismo y se desvanece con gesto vago, diciendo un leve adiós a lo lejos.

L.A

•Lola pinta mandalas•


planta de mar

gotas de pintura



mariposa caprichosa



estrella de hielo



psicodelia



almohadón árabe


no me • olvides


carpa de circo mirada desde arriba


ruidoso

•Atrapados a oscuras•

Photography Graphics


Son más o menos las cuatro de la mañana. Hace frío. Ella sale casi desnuda a sacar la basura. Él entra muy abrigado a cumplir con un compromiso. Las miradas se cruzan en la vereda, se seducen en el palier y se encontrarán para siempre cuando se apague la luz del ascensor.

Para leer la historia: Ella, yo y mis otros yo

Blog nuevo, formato extraño, ideas infinitas.
Bienvenidos todos, no se olviden de linkear.

•Tormenta de verano•

En sí, lo que más me gusta, es que llueva. Pero que llueva de veras. No dos gotitas. Que llueva cinco días seguidos. Y al sexto, cuando salga el sol, te deprimas.

Y que justo estés caminando por la calle cuando se larga el chaparrón. Y que llegues a tu casa todo mojado. Que te paren en la esquina, te abran la puerta del auto y te digan "subí que te llevo". Y que digas "no, gracias. prefiero mojarme". Y te contesten "estás loco". Y cierren la puerta y se vayan.

Y se largue la tormenta más tormentosa de toda tu vida. Una tormenta de verano. Que inunde las esquinas y los cordones de las veredas. Que cuando quieras cruzar la calle te haga perder las ojotas. Que te moje hasta la ropa interior.

Y que por favor, lleves mochila impermeable para que no se te destruya el cuaderno que siempre tenés encima. Y que llegues a tu casa: cubierto de agua, bañado de agua, relleno de agua, explotante de agua, rebalsante de agua, hinchado de agua...

... y te seques el pelo mirando por la ventana, agradeciendo a Dios por los diluvios ocasionales.

Eso.

L.A

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Laura Avellaneda
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"Mis voces gritan, aullan, gimen, sangran... a mí y a los otros seres que habitan dentro mío"

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