Somos una pareja saludable y feliz



• Él me toma de la mano cuando vamos por la calle, me besa en las reuniones sociales y me abraza por la cintura cuando estoy en la cocina. Yo se cocinar, claro. Sé preparar el mejor tiramisú que jamás se ha visto y no tengo nada que envidiarle al de mi suegra. Ella es una mujer espléndida. Siempre medida, siempre ubicada en tiempo y lugar exactos, sus ocurrencias tienen la capacidad de generar en el ambiente las más amenas situaciones. Es un valuarte de su familia y un gran ejemplo para la mía, a pesar de que su tiramisú todavía es insuperable.

A él y a mí nos gusta pasar juntos los fines de semana. Nos gusta disfrutar del jardín, salir a ver películas o ir de vez en cuando a la estancia para andar a caballo. También llevamos a nuestra perra Dauphine y él comprende perfectamente que su nombre no alude al de un auto, sino que en francés es el título que reciben las princesas herederas al trono. Él la quiere mucho a Dauphine, juegan juntos y por nada del mundo osa gritarle. Mucho menos llegar a golpearla. Dauphine está muy acostumbrada a estar conmigo, pasamos juntas la mayor parte del día. Incluso conseguí permiso para llevarla al spa o a las áreas reservadas de animales en el country. Se porta bien la mayor parte del tiempo, pero debo confesar que a mí me gusta consentir sus caprichos, excepto el de dormir junto a mí en la cama. Eso es algo que no puedo tolerar, sobre todo porque él me abraza y a pesar de que en el sommier haya espacio para los tres, nuestra intimidad es algo que no se negocia por nada del mundo.

Mi marido siempre fue cariñoso. Desde que lo conocí hasta hoy nunca perdió la gracia ni las ganas de hacerme un mimo, traerme flores o prepararme alguna cena con velas cuando yo salgo de compras. Y eso que han pasado años... pareciera que fue ayer cuando nos pusimos de novios en un verano que coincidimos de vacaciones en la costa. Papá ya conocía a su familia porque habían mantenido buenos negocios en común en algún tiempo y no ofreció ningún reparo cuando se enteró que andábamos saliendo. La que peor se puso fue mamá. Le costó aceptar que su nena haya crecido tan pronto y que me fuera a vivir lejos, pero ahora que lo veo a la distancia no me arrepiento de nada. Volvería a hacerlo si tuviera que vivir de nuevo, porque él es un marido ejemplar.

Jamás, ni una sola noche durmió fuera de casa. Jamás bebió de más. Jamás puso sus ojos en otra mujer que no sea yo. Jamás de los jamases. Y lo mejor  estoda esta vida de la cual no puedo quejarme: el club de tennis, la estancia, los caballos, el tiramisú que siempre me sale para el culo, mi suegra que es una vieja hinchapelotas que en cualquier momento la mando a la mierda, las películas interrumpidas que termino viendo sola porque él siempre está pendiente de su celular, el country donde me siento completamente desencajada, mi suegro que es un hijo de puta porque, me enteré después, estafó a papá en los negocios, mamá que lo único que sabe decirme es que me divorcie, que lo deje, como si fuera tan fácil… las botellas de whisky que se agotan todos los días de la semana, la puta de su secretaria con la que me mete los cuernos desde hace años mientras él cree que no me doy cuenta y toda esta vida de mierda de la que sólo me consuela Dauphine, que duerme acurrucada junto a mí en una cama enorme en la que todas las noches me muero de frío. •

L.A

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